1 may. 2001

José Bergamín: el esqueleto de la paradoja. Archipiélago nº 46, 2001


PRESENTACIÓN CARPETA Nº 46:

 José Bergamín: el esqueleto de la paradoja
El no haber clasificado la autoridad cultural como poeta a este gran poeta, sea lo que sea el motivo o motivos de este olvido sangrante, nos ha llevado primordialmente —aparte de sus sobrados méritos en los más variados campos (ensayista, autor teatral, articulista, crítico taurino, guionista cinematográfico y buen hacedor de tantas otras cosas tan poco conocidas)— a tratar de reparar en la medida de nuestras pocas fuerzas dicho olvido. Hay también otra razón de peso para que nos hayamos detenido en tratar su frágil y curiosa figura: su condición de permanente exiliado. Bergamín fue durante casi toda su vida un testarudo repetidor de exilios. Se nos aparece la figura de Bergamín como un hombre “sin mundo”, tal y como llamaban Hannah Arendt y Gunther Anders a los exiliados del período de entreguerras. La experiencia del exilio (el fantasma) es de una vigencia radical hoy día que se aprueban, desde el Régimen del Bienestar y sus ciudadanías confortables y perfectamente instaladas en el mejor de los mundos, leyes criminalizadoras de todas las poblaciones superfluas del Planeta. Este hombre cristiano de buena familia, de tradición culta, de reconocida estirpe política, lejos de conformarse con su privilegiado destino, desde muy pronto empieza a dar guerra, una guerra sin cuartel contra todo y hasta contra sí mismo, en ese desvivirse que fue su vida entera marcada siempre por la viva paradoja de amor y muerte, de contigo y contra ti: “Hace muchísimo tiempo/que me parece que no/ estoy vivo ni estoy muerto./ Que no estoy vivo ni muerto/ porque no sé si soy yo/ otro del que yo estoy siendo”.
Celebramos aquí, pues, ese su continuo batallar de caballero irreductible, como un desmandado quijote tras algo verdadero que no está ahí en la falsedad de la realidad que se nos impone como necesaria y única y de lo que uno tampoco sabe bien dónde ni cómo ni cuándo brotará algún vislumbre, por lo que tiene el deber de estar alerta, despierto. Porque a Bergamín se le quedaron bien grabadas aquellas palabras del Verbo que recuerda en unos versos su buen y admirado amigo don Antonio Machado: “Como no sabéis la hora/ en que os han de despertar,/ os despertarán dormidos,/ si no veláis: despertad” o de otra manera dicho: “¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?/ ¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?/ Todas tus palabras fueron/ una palabra: velad.”. (Señalamos aquí el gusto de Bergamín por usar abundantemente en sus poesías términos como ”velado desvelo”.) Es esa permanente atención de niño curioso, incómodo y terrible hasta su último suspiro, lo que nos hace honrar aquí su viva memoria. Pero no es Bergamín un autor fácil. No llueven sus paradojas al gusto de todos. Es precisamente ese carácter contradictorio de su lucha, de su vida, de su pensamiento, un equilibrio difícil que le hace a él mismo en sus propias carnes vivir en zozobra constante entre los sucesivos intentos de agarrarse a la Idea (valga la redundancia idealista), en la búsqueda del vellocino de oro que le llevó impenitentemente a adentrarse en los territorios donde él husmeaba el combate, y a la vez de soltarse de toda amarra ideal, de desasirse hasta de la creencia en sí mismo.
Recordemos aquí aquella convocatoria hecha por la revista Litoral en 1978 en la que se llamaba a los intelectuales del momento para decidir cuál de los miembros aún vivos por entonces de la llamada “generación del 27” podía ser considerado como “la personalidad literaria más completa por la amplitud de su expresión y con mayor proyección sobre nuestra cultura dentro y fuera de España”. El resultado de aquella convocatoria sirvió para poner las cosas en su sitio, demostrando la gran injusticia que se había cometido con la obra de Bergamín, obra que, por motivos en muchos casos extraliterarios, se había ignorado o minusvalorado, especialmente en el caso de su poesía, esa gran olvidada.
Hemos seleccionado en las páginas siguientes algunos testimonios que dan una muestra, aunque incompleta, de la enorme complejidad de la obra bergaminiana. Algunas facetas importantes de su obra, como la de autor teatral, han quedado aquí sin tratar, pero ofrecemos a nuestros lectores una exhaustiva semblanza biobibliográfica que nos ha sido elaborada amablemente por Gonzalo Penalva con la confianza de que su obra sea más conocida y usada. Al mismo tiempo damos las gracias a Nigel Dennis por su gentileza en proporcionarnos los textos inéditos y fotografías que aquí se presentan. Y finalmente nuestro agradecimiento a don Fernando Bergamín, hijo de don José Bergamín, que nos ha dispensado la autorización de uso de estos materiales que tenéis en vuestras manos.
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